Nuestro emocionado recuerdo para Richie Pasman, gran amigo de nuestro Museo, estuvo en todas nuestras charlas y debates, aportando su fino humor y su decir profundo. Leamos un conmovedor adiós a la vida: CARTA DESPEDIDA.
Richie Pasman en el del medio, durante la CONFERENCIA: Amateurismo Y Profesionalismo Parte 3, junto a él están: a su izquierda Eduardo Gonzalez del Solar y a su derecha RafaeL Khoury.
"Cómo viene la muerte, tan callando", decía hace muchísimos años en "Coplas por la muerte de mi padre" , Jorge Manrique.
Quiero ganarle a la muerte, aunque mas no sea unas horas, hablando aquí con ustedes, mi familia y mis amigos.
Además, ¿Cómo no despedirme?
Llegó mi hora.
Siempre es temprano para morir. Hace un rato estaba en el Colegio, como Sol, Talo, Francisco, María, Rosario, Victoria, Alejo, Olivia, Matías y Elisa. Ahora estoy aquí, algo incomodo…
Parafraseando a Neruda, debo subir al tren de la paz, pero también del olvido, sin muchas ganas, resignado a mi suerte, que es grela.
Extrañaré muchísimo a Ana, mujer amada. Cuánta dicha juntos.
Llevo conmigo el presente feliz, maduro de Ricardo y Mercedes, de Francisco y Gloria, De Luisa y Hernan, de Vero, de Rafa y Cecilia, de Ezequiel y Florencia.
Sé que continuarán el nombre, la sangre común. Ahora enriquecidas por otras igualmente buenas o mejores.
Me acompañan también recuerdos gratos, imágenes lindas, afanes compartidos, ideales en común abrazados.
Tendré siempre para mí el amanecer del año 47 en que por primera vez vi el mar.
Un almuerzo en familia, todos sanos, en la casa paterna, de la calle Mármol, un domingo de invierno.
Triunfos y reveses en las justas deportivas con las mismas camisetas, del CASI, de BOCA y de Tigre, esta última tan cercana a los afectos de toda la familia Pasman.
Una charla entre amigos, en la que nos reíamos de los mismos temas.
La oratoria, los discursos, buenos y no tan buenos, todos míos, que me ayudaron a demostrar quién era, cómo era.
Algunas páginas de Salgari, como de Sábato, de Kosinsky, de Cesare Pavese, de Bioy, y por supuesto de Borges.
Llevaré conmigo, siempre, una caminata con Ana, arroyo Yacanto arriba, hacia la montaña, una media mañana de los años 70.
Una tarde de lluvia, con la tormenta en el mar, en la ruta Mar del Plata - Miramar.
Un drive en el hoyo 4 de Yacanto, con el fondo del Champaquí en el horizonte, después de la siesta, una tarde de enero, al empezar la vacación rodeado de los míos.
Un asado en el Paraíso, con toda la familia de Ana, reunida bajo un árbol añoso.
La mesa de la esquina del hotel con la tertulia familiar a cualquier hora.
Una noche estrellada en el campo, en San Francisco, Saavedra, con el cielo del sur para nosotros dos.
Debí ser mejor. Sencillamente no pude.
Hace unos días le pregunté a Anita si en el momento último, me tomaría de la mano.
Me dijo que sí y lloramos. Y reímos.
Ya para ir terminando, quiero citar un poema de Jorge Luis Borges, que estuvo durante mucho tiempo en poder de un autor colombiano, llamado Rector Abad y cuya autoría ha sido reconocida recientemente por su viuda Maria Kodama. Dice así:
Ya somos el olvido que seremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y del término, la caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre;
pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo
esta meditación es un consuelo.
Jorge Luis Borges
Para mí, esta meditación del ilustre poeta, es un consuelo, pero también es una oración, un deseo, es una aspiración.
Tengo esperanzas de que dios exista.
a DIOS
Ricardo E. Pasman






